Yo una vez recibí un disparo. ¿Es raro, no? Te estás preguntando seguramente ¿Por qué él, que es un estudiante universitario tan común y ordinario? ¿Por qué ese individuo de pantalón holgado y zapatillas Umbro? La verdad es que no tengo ni la más mínima idea del porqué alguien tan desapercibido como yo, tanto como un actor extra del segmento de la escuelita del “Chavo del 8”, recibió un disparo de una Sig-Sauer P220.Toda la cuestión empieza desde el amanecer de ese 25 de Noviembre, en pleno apocalipsis de exámenes finales en la Universidad (de Lima). Para ese entonces, mis agallas se encontraban saturadas de incólumes tópicos de cursos incomprensibles, llenos de verborrea insoportable y con la violencia digna de un pirañita sin esperanza de salvación. Todo estaba por la mierda y yo quería llorar. También quería prender un wiro y fumar con Alonso, pero tales fantasías coloquiales se veían imposibles para mí. La rutina empezaría con las lecturas sobre el concepto de realidad de Platón, para luego ceder la posta a la realidad nacional. Pero al imaginar las pequeñas letras y la no concordancia (Para mi subdesarrollada capacidad de comprensión lectora) en el empleo de los conectores, saboteaba mi voluntad con brutalidad. Quería gritar fuerte “Carajo mierda conshasumadre!”, así, sin comas y sin el uso correcto de otros patrones ortográficos.
Ante esa holgazanería épica, opté por una estrategia. Hacer del estudio algo agradable. Y claro, eso no era algo tan exigente. La primera cosa que se me ocurrió en el desarrollo de ese plan fue el consumo de Coca Cola. Dicha bebida genera en mí placer cada vez que la bebo, motivando a mi bioquímica cerebral a engendrar endorfinas (Sustancia de la felicidad) asi como se reproducen los cuyes cuando se intoxican con viagra.Bueno, de ahí decidí salir de mi casa rumbo al grifo donde podía comprar un combo de dos litros y medio de “Coca” con una bolsa enorme de Piqueo Snax. Recordaba haber visto ese combo, ya que una semana antes había ido a ese grifo para hacer una recarga virtual de Claro de veinte soles. Al llegar a Repsol el reloj marcaba tan solo un generoso dos en punto, abanicado por la brisa sexy de la primavera y los cláxones amistosos de los conductores. Al entrar a la tienda, el show comenzó. Fue tan interesante aquella escena, que la narraré en el párrafo siguiente.
No comprendí en primera estancia la prisa que llevaban esa par de gorditas que salieron corriendo; tampoco me percate del nerviosismo de la cajera que, a seis metros de mi persona, estaba enfrentando la muerte por primera vez en su mediocre vida (supongo, solo supongo). Entonces fue aquí, que con bebida y golosina en mano estaba yo, detrás de un individuo que gritaba enérgico a la cajera para que esta sea más rápida en su hacer. La chica se veía muy nerviosa y mi lento procesamiento mental comenzó a funcionar: Estoy en un asalto. Para cuando me di cuenta recién de tan sobresaliente situación, me dispuse a retirarme, pero llegaron estos uniformados. Irresponsables y en su mayoría gordos, como los tombos gringos de la tele.
“¡Arriba las manos carajo!”
Eran cinco y entraron con agresividad espartana. Enseguida el malhechor soltó el arma de fuego y levantó las manos. Que cobarde. No solo tuve la mala suerte de toparme con un crimen cliché de los diarios chicha, sino que también tuve el infortunio de coincidir con un asaltante cobarde y estúpido. Dicho personaje levantó las manos dejando caer la pistola, que al colisionar con el suelo, activó automáticamente la “corredora”, disparando en el acto a mi tobillo derecho. No te imaginas como ardía. Estoy seguro de haber sentido un dolor similar o más fuerte al que sienten las mujeres al traer bebés al mundo. La herida emanó sangre descontroladamente mientras yo yacía en el suelo llorando, pues estaba seguro que me iba a morir. ¡Y esos policías que me socorrían con lentitud!, los puteé como nunca en mi vida, dejando salir la inmensa cantidad de frustraciones, entre ellas, la imposibilidad mía para llevar a cabo mi plan de estudio tranquilo con Coca Cola y Piqueo Snax.




¡Jajajaja que mate de risa!
ResponderEliminarMuy buena anecdota.
Saludos.
Ese infortunado y disperso muchacho me suena bastante familiar.
ResponderEliminarCoca Cola y Piqueo Snax? No es una Pilsen y bolsita con maníes? Jajajaja
Cambio d emandos colega!
Oe Pinto en serio te balearon? no jodas tan cagao esta el Peru!!!
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