11 dic 2009

Por lo alto y bajo

Antes de ir rumbo a la reunión de socios de Buena Fortuna Corporations, Néstor observó el cielo y le imploró con lágrimas invisible que algo suceda para que se evite lo inminente. Para él, la reunión de socios no era algo más que la congregación perfecta para matar el entusiasmo. Mejor era ante todo el quedarse en casa y repasar por televisión las mejores jugadas de La Euro Champions League y liberar ventosidades desagradablemente agradables mientras Margarita, su esposa, se ensimisma en su tesis, liberando al hombre de toda presión marital. Pero no. Esa tarde, la obligación lo llamaba a gritos como si fuese otro hombre mediocre de camisa y corbata del mundo pos moderno. Néstor era uno de esos.
Al llegar al lobby de la empresa, el panorama cambió por completo. Ante su vista, se percato de la presencia de los individuos de etiqueta más mediocre que él, echando miradas antipáticas a sus colegas; la secretarias de treinta años y meticulosas como monjas drogadas; y el ascensorista cuya naturaleza humana no se deja de poner en duda. Todos estaban ahí a excepción de los seres que irradian luz e intimidas a los individuos más ínfimos: Los socios inversionistas de peso pesado. Todavía sosteniendo el maletín con la mano derecha y de pie en el umbral del ascensor, Néstor atinó a preguntar a uno de los seres ínfimos el porqué de la ausencia de los peces gordos.
-Hey, dime. ¿Los socios no han llegado todavía?-
-No (…) no señor Bedoya. La reunión está programada para el juves de la próxima semana. Pensé que Jessica le había informado…-. Respondió el ínfimo mientras desviaba la mirada consecutivamente hacia el suelo.
-Okey, está bien. Sigue con lo tuyo, yo me…-. No era necesario terminar la oración completa, no era importante. Tras dar media vuelta, Néstor entró al ascensor, mientras agradecía a la vida y al cielo.

1 comentario:

  1. Que agradable, bien digerible, Silvestre, no como las verborreas aburridisimas de ciertos monstruos.

    Ese Néstor es un tipo con suerte, como Martín cuando creyó que íbamos a salir y al final sólo salíamos a Wong. Las coincidencias del universo, dicen, yo creo que, de un tiempo a esta parte, estamos destinados a alcanzar nuestras metas más idiotas. Quiero pasar todo Collosus... Tú qué crees? La esperanza es lo último que se pierde.

    ResponderEliminar