
La mirada perdida; las manos entrelazadas entre si y manifestando poco ortodoxos ademanes; la ropa percudida, bamba, fea; el cabello eléctrico; el pantalón de buzo plomo más vendido de Gamarra; las sandalias marca Mike. “Que pedazo de receta habría preparado la vida para crear a tremenda criatura” pensó Gianfranco al ver a la desaliñada mujer aproximándose hacia él en la acera pública. La horripilación que le generaba era incomparable e invadía su mente como una invasión de pesadez destinada a quedar victoriosa sobre sus anhelos. Ante ese desastre, los recursos eran limitados para el joven Gianfranco. Si terminaba optando por caminar hacia la vereda de enfrente podría evitar la desagradable experiencia de cruzar camino con este ser, pero esa opción terminaría costándole esfuerzo en sortear correctamente su vida para evitar ser arrollado por una couster. Sin dar excesivas vueltas al asunto, la decisión final radicó en el viejo truco de apuntar la mirada a cualquier sector del campo visual procurando evitar el contacto con el rostro del individuo. ”Yo puedo hacer eso”.

Gianfranco, sin embargo, no pudo con tan simple estrategia y el morbo le ganó. Tras verle el rostro a la desafortunada muchachita, sus pensamientos (sentimientos) se mixturizaron unos con otros generando confusión. La miserable le había sonreído.
inédito
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